La estética contemplativa y la estética aplicada

Geli D´Mora • 19 de febrero de 2026

ESTÉTICA CONTEMPLATIVA Y ESTETICA APLICADA

La estética es la rama de la filosofía que se dedica al estudio de la esencia y la percepción de la belleza, el arte y el gusto.


Como disciplina autónoma, se consolidó en el siglo XVIII con el filósofo Alexander Baumgarten, quien la definió como la "ciencia del conocimiento sensitivo". Esto significa que para Baumgarten la estética se encargaba de estudiar la percepción a través de los sentidos. Mientras que la lógica se ocupa del conocimiento intelectual y racional, la estética se ocupa de las representaciones sensibles.


Para este filósofo el fin último de la estética es la perfección del conocimiento sensible, y esa perfección es lo que llamamos belleza. Gracias a Baumgarten, la belleza dejó de ser un atributo místico para convertirse en un objeto de estudio sistemático y metódico dentro de la filosofía.


La estética, por tanto, no se limita al adorno o la apariencia, sino que es una disciplina filosófica que profundiza en cómo valoramos y sentimos la realidad.

La relación entre la estética de Baumgarten y los tratamientos estéticos que se realizan en un gabinete de estética no es directa, pero si que encontramos una serie de conexiones entre ellas.


1. La búsqueda de la Perfección sensible

En la disciplina de estética contemplativa se busca la armonía en una obra de arte para que el sentido la perciba como "perfecta". En los tratamientos (estética aplicada), se interviene el cuerpo para acercarlo a un ideal de armonía o proporción (simetría, textura, forma). El tratamiento busca que lo que el ojo percibe (el "conocimiento sensible") sea evaluado como algo "bello" o "perfecto".


2. El cuerpo como objeto estético

Para Baumgarten, la estética es el estudio de cómo los objetos afectan nuestros sentidos. Al realizarse un tratamiento, el cuerpo humano se trata como una obra de arte en potencia. La relación reside en la apariencia: el tratamiento estético no busca necesariamente mejorar la función de un órgano (como si debiera hacer la medicina), sino mejorar la percepción que el sujeto y los demás tienen de ese cuerpo.


3. Vivir “bellamente”

Baumgarten quería que aprendiéramos a "pensar bellamente". Con el tiempo, este concepto se desplazó hacia la estética de la existencia, que se traduce en que hoy en día, los tratamientos estéticos se consideran herramientas para que el individuo se sienta en armonía con su imagen. De esta forma, se pasa de la contemplación de una pintura (estética contemplativa) a la construcción de la propia imagen (estética aplicada).


La distinción entre estética contemplativa y estética aplicada marca la diferencia entre observar la belleza y crear o modificar la realidad para alcanzarla. Mientras la primera es intelectual, la segunda es técnica y práctica.


La estética contemplativa hace referencia al “sentir”. Es la forma clásica de la disciplina, muy ligada a la filosofía de Kant y Baumgarten. Se centra en la recepción de la belleza. No se pretende poseer el objeto, solo disfrutar de la experiencia sensorial que produce. Observar, escuchar e interpretar. La estética contemplativa se pregunta por qué algo es bello o qué emociones, despierta. Mientras que la estética aplicada hace referencia al uso de los medios de la estética para intervenir en el mundo real, objetos o personas. Aquí la estética deja de ser solo una teoría para convertirse en una herramienta, que busca mejorar la apariencia de algo con un fin específico (bienestar, estatus, etc.). A través de la estética aplicada se diseña, interviene y transforma el objeto o la persona.


En el mundo de los tratamientos de belleza, se da un salto de la contemplación (admirar un ideal) a la aplicación (usar la tecnología u otros medios para alcanzar ese ideal en uno mismo).

Por Geli D´Mora 28 de noviembre de 2025
La belleza es un concepto complejo que se puede entender de forma subjetiva, ya que depende de las preferencias personales y la influencia de la cultura y la historia, pero también puede asociarse a cualidades objetivas como la simetría y las proporciones (la proporción áurea). La belleza puede ser una apreciación visual, pero también se manifiesta en la salud, la confianza o la esencia interior de una persona. A lo largo del tiempo, el concepto de salud ha evolucionado. Inicialmente, la salud se definía como la ausencia de enfermedad, mientras que ahora la salud se define como un estado de completo bienestar físico, mental y social y no simplemente como la ausencia de enfermedad. La belleza está intrínsecamente relacionada con la salud. Una nutrición adecuada, ejercicio, descanso y cuidado personal mejoran la salud y además la apariencia física, elevan la autoestima, la confianza y el bienestar emocional. La piel, en particular, es el primer reflejo de la salud, siendo esta lo primero que vemos de una persona, si presenta alteraciones (psoriasis, dermatitis, infecciones por hongos, acné, eccema, etc... ) asociamos esos signos con la enfermedad. Salud y belleza son dos caras de la misma moneda, ambas necesarias para lograr un bienestar integral. Desde la estética se ofrecen las herramientas para realzar la belleza o aumentar el atractivo de las personas. Si comparamos los tratamientos estéticos del siglo XXI con los de la Edad Media, el Renacimiento y la época victoriana nos daríamos cuenta que hoy más que nunca la estética está ligada a la salud. Durante la Edad Media, la búsqueda del ideal de belleza a menudo suponía una piel pálida y una apariencia delicada. Las mujeres que lucían largas pestañas y cejas definidas, solían ser las prostitutas. Por ello, el resto de mujeres trataban de llevarlas muy cortas o las retiraban por completo. Además de ser muy doloroso, podía provocar heridas e infecciones oculares. En el Renacimiento, el ideal de belleza implicaba una frente amplia y despejada, que a menudo se lograba depilando la línea del cabello, el cabello rubio y largo, la piel blanca y mejillas sonrosadas y los pechos pequeños y firmes. En la época victoriana el ideal de belleza era muy similar al de la Edad Media, pero además utilizaban corsés muy ajustados para crear una silueta de reloj de arena, estrechando la cintura y realzando el busto y las caderas. En estos tres periodos de la historia para blanquear la piel se usaban productos tóxicos como por ejemplo el arsénico, compuestos de plomo, óxido y carbonato de calcio para conseguir el efecto porcelana. Estos tóxicos producían irritaciones, hinchazones, calvicie e, incluso, podían llegar a producir la muerte por intoxicación. El romanticismo de aquellos tiempos idealizaba un aspecto frágil, delicado y casi fantasmal, por lo que las mujeres consumían vinagre para imitar síntomas de enfermedad. Estas prácticas antiguas para “verse guapa” atentaban contra la salud de las mujeres, que persiguiendo los canones de belleza de su época ponían en riesgo la salud. En la actualidad hay una gran variedad de tratamientos estéticos unos más invasivos que otros y unos más naturales que otros, pero todos están muy lejos de esas terroríficas prácticas antiguas. El avance de la ciencia ha permitido a la estética unir belleza con salud, ya que los tratamientos actuales, que ayudan a las personas a combatir el envejecimiento, las manchas, las marcas, la falta de cabello, la necesidad de perder grasa o de fortalecer la musculatura, están probados previamente a su comercialización y se ofrecen sabiendo que no ponen en riesgo su salud. Por supuesto, es imprescindible que los profesionales de la estética tengan la formación necesaria acorde a los tratamientos estéticos que van a realizar, lo que garantiza una mayor seguridad. Lo que hoy nos parece bello puede que en unos años sea feo, ya que el ideal de belleza de las sociedades va cambiando, pero lo que no debe cambiar es el objetivo de ofrecer tratamientos estéticos que preserven la salud de las personas, debemos actualizarnos y estar abiertos a los avances tecnológicos, pero siempre garantizando a las personas que reciben nuestros tratamientos que se verán mejor sin poner en peligro su vida.